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Extensión
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3 fojas
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Resumen
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Columna La Calle que continua con el homenaje por el fallecimiento de Alejandro Rossi, que se enfoca en su novela Edén, Vida imaginaria, solo libro hubiera bastado para consagrarlo como el gran escritor que fue, aquí una breve muestra de su estilo en la novela mencionada, ´El suegro no encontraba el estacionamiento para diplomáticos ; lo habían cambiado de lugar, aseguró. Era un hombre elegante y tranquilo, incapaz de atropellar un reglamento y de saltarse un a regulación, y menos aún en Alemania´..
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Tipo
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Artículo periodístico.
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Clasificación
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UAMC.MAGC.01
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Sububicacion
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Sobre
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Texto completo
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La calle
para el miércoles 1Ode junio de 2009
Diario de un espectador
El Edén de Rossi
por miguel ángel granados chapa
Federico Reyes Heroles, que lo conoció bien -aunque lamenta no haber
sido su amigo cercano-dijo ayer de Alejandro Rossi que "daba la impresión
de estar molesto con el mundo. El motivo principal: el mundo iba dem aisado
despacio, Él entendía las cosas en otro ritmo".(Reforma, 9 de junio).
De ello dio muestra Rossi en las primeras líneas de su novela Edén, Vida
imaginaria. Como lo dijimos ayer aquí, recibió el Premio nacional de
literatura en 1999, mucho tiempo antes de la publicación de su obra postrera.
De no haber sido así, ese solo libro hubiera bastado para consagrarlo como el
gran escritor que fue. Conozcamos aunque una breve muestra de su estilo en
la novela mencionada, que mucho tiene de autobiografía:
"Miró el reloj y le preguntó a su suegro cuánto faltaba para llegar al
aeropuerto. Hubiese querido decirle que se apurara, que se concentrara en la
carretera, que no hablara con tanto detalle de la industria alemana. No, no
podía callarlo, era un hombre bueno, de gran cortesía. Hizo un esfuerzo,
pues, para mantener la conversación en un tono educado. La verdad es que
cualquier viaje lo desquiciaba, como si abandonara a alguien, como si se
tratara de una emigración definitiva. Le angustiaba cualquier contratiempo:
un retraso, que no hubiera asiento, una huelga imprevista, perder ujn
documento o una equivocación con su nombre. Sobre todo eso, sería como
volver al caos original, a la irremediable confusión. A Alejandro le parecía
que todos sus documentos tenían algún error y que, en realidad, todo era un
gran equívoco y él un usurpador. Un día lo descubrirían y de los
quitarían.¿ Cómo se llamaba? ¿Alejandro o Alessandro? Su madre le decía
Alex, y Alexandro era el nombre con que ella misma intentó registrarlo. Por
suerte, el fascismo impidió ese neoclasicismo que pretendía obligarlo a ser un
héroe: sólo se permitían nombres italianos o italianizados. Las adorables
primas venezolanas le decían el Negro y los primos italianos Alex o
Alessino, usado este último por los abuelos paternos. A su padre en la vejez
le dio por llamarlo Alessandro, en un tono algo protocolario. Para los amigos
hispanoamericanos era Alejandro. El pasaporte venezolano registraba
Alejandro Francisco, ya el nombre oficial en sus papeles y documentos. En el
acta de nacimiento asentaban que el22 de septiembre de 1932 había nacido
en Firenze un tal Alessandro Francesco. Francesco era el Francisco que viene
de su bisabuelo materno, al parecer un dominicano que fundó una fábrica de
tabacos y que, según la leyenda, había dejado al morir cien casas. Por los
años cuarenta, en un vuelo de Trinidad a Caracas, en un Douglas DC3 le tocó
de vecino un español viejo que había conocido al discutido bisabuelo, un
mulato grande y simpático que se sentaba en una mecedora a la entrada de su
negocio. En aquella época la incomodó que el Canario clasificara así al
bisabuelo. Era la primera vez que oía esa historia, pues su madre y la familia
venezolana evitaban esos temas. Para él, los mulatos y los negros eran los
porteros de La Previsora, la compañía de seguros que presidían su abuelo,
que lo saludaban con cordialidad y proclamaban, entre guiños, que él era
'medio jefe'.
"El suegro no encontraba el estacionamiento para diplomáticos; lo habían
cambiado de lugar, aseguró. Era un hombre elegante y tranquilo, incapaz de
atropellar un reglamento y de saltarse un a regulación, y menos aun en
Alemania. Como si estuviera en un gran colegio y él fuera un alumno
modelo. Cualquier persona con autoridad, por trivial que fuese el cargo -el
supervisor de los boletos en el tren-le producía un respeto sagrado. Era
claro que le fastidiaba el nerviosismo de Alejandro y temía que se expresara
en alguna arbitrariedad o impacien cia ante un trámite .. .".
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Materia
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La Calle, diario de un espectador
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Persona o institución mencionada
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Alejandro Rossi