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Extensión
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1 foja
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Resumen
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En el gobierno de José López Portillo, destaca la crisis económica derivada de un manejo imprudente de la riqueza petrolera y la deuda externa, así como el acierto en la reforma política. La relación con empresarios y la política laboral también son evaluadas críticamente..
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Tipo
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Artículo periodístico
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Clasificación
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UAMC.MAGC.01
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Sububicacion
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Sobre
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Texto completo
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POR MIGUEL ÁNGEL GRANADOS CHAPA
El presidente López Portillo dedica estos
últimos días de su sexenio a las despedidas.
En noviembre, realiza veinte giras, a otras
tantas entidades, para inaugurar obras. En
Nuevo León, descubrió su propia estatua.
(Y claro, el ejemplo hace escuela: don Enrique Olivares Santana, tan mesurado siempre, se deja también ganar por la tentación
de la falsa inmortalidad e inaugura su propio monumento, en su natal Aguascalientes). Y mientras tanto, asegura que la organización de la Banca nacionalizada no será
de su resorte. pues en el mes que le quedaba
por delante cuando hizo la declaración ya
no es pertinente hacer nada al respecto.
Esa sensación de anticipadamente concluir el sexenio es generalizada. Las antesalas de las secretarías de Estado, otrora imposibles de transitar, están hoy desiertas.
Nadie se para por allí, porque se esparce
por doquier la certidumbre de que no hay ya nada que tratar con los funcionarios qua¡ están por concluir el periodo para el que fueron nombrados.
Estos mismos funcionarios, sea porque ha disminuido la carga de trabajo, o
porque con esa actitud provocan la ausencia de quienes tendrían que abordar con ellos asuntos de su incumbencia, dedican estas últimas semanas a
limpiar escritorios y archivos, llevándose con ellos documentos comprometedores o que simplemente quieren mantener alejados de vistas extrañas, pues
nunca se sabe el uso que malas voluntades pueden dar a las gestiones realizadas por los que se van.
En la Procuraduría de la República, allí donde no debiera detenerse un
solo instante la maquinaria para investigar y perseguir los delitos, también se
ha decretado una vacación. El fiscal Javier Coello Trejo le dijo al reportero
Fernando Ramírez de Aguilar que el asunto del fraude a Pemex es de tal modo complicado y trabajoso, que será la siguiente administración la que se encargue de él. Se comprende que así sea, porque las diez mil páginas del expediente en que están involucrados altos funcionarios de la administración encabezada por el ingeniero Jorge Díaz Serrano requieren, para su sola lectura
más horas de las que el letargo de noviembre permite. Pero no era necesario
declararlo así. Eso lo entendieron tarde en la Procuraduría, por lo que su titular reprochó la declaración a Coello, quien no halló camino más fácil que
el frecuentemente recorrido por funcionarios que dicen lo que no deben decir: desmentir al reportero. Es notable, por lo demás, la contradicción en
que Coello incurrió en la carta dirigida a Unomásuno para negar que hubiese hablado con Ramírez de Aguilar: asegura que él no hace presentaciones
directas a la prensa, sino que encauza su información por la oficina correspondiente de la Procuraduría, siendo que consta en todos los medios
periodísticos la abundancia de declaraciones, espontáneas o solicitadas, que
formuló el agente del ministerio público más publicitado del sexenio que se
aproxima con lentitud a su fin.
Pero estabamos en eso, en las proximidades de la conclusión de este gobierno, y en la indebida antelación con que muchas labores han sido finiquitadas. Ello nos lleva a considerar uno de los aspectos singulares de nuestro
sistema político, donde se echa de ver cómo el partido gobernante es más que
nada una coalición de intereses y no una agrupación ideológica. Decirlo no
supone novedad alguna, por supuesto, pero ese carácter queda manifiesto de
modo muy palmario en este trance. Pareciera, tal como se transmite el gobierno, que se lo transfiere, cada seis años, a un partido adversario, y no a
miembros del mismo al que pertenecen los que se van. Las cautelas con que
los salientes se acercan al fin de sus quincenas presupuestales es la propia de
quien teme sufrir, por lo que hizo y por lo que no hizo, el escrutinio de un
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opositor. Y no se diga cuando en efecto una facción explícitamente contraria
ocupa los escritorios de una oficina. Las rel?resalias, las vendetas, las murmuraciones respecto de los que se fueron pueden llegar a extremos de ferocidad caníbal. De allí que ante la cercanía del tránsito del poder aparezca la
administración como pasmada.
No todos los funcionarios que terminan sus labores, a decir verdad, están paralizados. Los hay que anticipan su salida por la causa contraria, es
decir porque están demasiado inquietos, yendo de aquí para allá, visitando a
quienes imaginan pueden auxiliados en la ardua tarea de no salir del presupuesto. Se trata de una ambición legítima, en el caso de los funcionarios profesionales, los que han resuelto hacer una carrera administrativa y política.
Los mejores entre ellos, sin embargo, saben que el modo más idóneo de conseguir nuevas ocupaciones es cumplir con pulcritud el deber hasta la última
hora. Si su número abundara, sin embargo, no se produciría el extraño fenómeno del que hablamos ahora, que hace ver casi vacías muchas oficinas
públicas.
El daño que tal situación produce a la nación apenas puede medirse. La
administración pública es como una fábrica, como una planta siderúrgica
donde no es permitido que se enfríen nunca los altos hornos porque la tarea
de recalentados para ponerlos a punto es lenta y sumamente costosa. Cierto
es que el relevo obliga a una aminoración de la marcha. Pero los practicantes
y los aficionados al atletismo saben que la entrega de la estafeta puede hacerse apenas con una velocidad ligeramente menor que la empleada en el resto
de la carrera. En el relevo administrativo, en cambio, cuando todavía falta
un trecho para llegar a la zona donde debe arrancar el nuevo corredor, el antecesor afloja el paso, y en casos hasta frena por completo.
Si eso es perjudica! en toda situación, en la que vivimos sus efectos adversos se acentúan. La crisis por la que atravesamos exige de la sociedad, y
del Estado por consecuencia, una conciencia permanentemente alerta. De
igual modo como sería imperdonable que el conductor de un vehículo
sufriera somnolencia o distracción en todo caso, pero mayormente en carreteras sinuosas y transitadas, también la exigencia de no ceder ni un instante
en la tensión a que obliga el abordamiento de asuntos que no pueden demorar se acrecienta y multiplica en horas tan difíciles como las de hoy, y las que
vendrán.
Aunque el asunto de la terminación anticipada del gobierno es complicado, y forma parte de la cultura política nacional, y por consecuencia transformarlo requiere el asedio por varios de sus aspectos, y un proceso largo y
demandante de paciencia, también es verdad que sería posible instituir mecanismos de orden legal que hiciera menos larga la transicióp entre el gobierno que se va y el que viene.
Diversas voces han expresado, con razón, que los lapsos del calendario
electoral mexicano son demasiado largos. En efecto, desde septiembre del
año pasado hemos tenido virtualmente dos presidentes. El destapamiento
representa, en algún sentido, el comienzo de la transmisión de poderes. No
ocurre sólo el primero de diciembre. Ese día se formaliza la recepción de
mandos que ha venido teniendo lugar, en circunstancias normales, desde
mucho tiempo atrás. Demasiado tiempo. Sólo el lapso entre las elecciones, la
declaración de presidente electo y la asunción del gobierno, es excesivamente
prolongado. Se desprende de él impaciencias y desganos que podrían tener
otra característica si el tiempo de espera fuese menor.
Independientemente de ventajas de otra suerte, como la preparación de
las previsiones de ingresos y egresos relativos al primer año de gobierno por
las autoridades que tendrán la responsabilidad de obtener unos y ejercer
otros, adelantar la fecha de toma de posesión a una más cercana a las elecciones ayudaría a disminuir la flojedad que se despereza lentamente en los
noviembres de cada seis años. No incurrimos en el error ingenuo del
borrachito que derrama en el piso el trago que inicialmente le sirven, porque
la primera copa le causa siempre malestar. Siempre habrá un último mes,
cualquiera que sea, donde el ritmo se hace lento. Pero si tiene que aguardarse menos que ahora, la intensidad del trabajo público (tan necesario en un
país como el nuestro donde el Estado tiene crecientes obligaciones), ciisminuirá menos de lo que hoy ocurre.
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Materia
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Manejo económico
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Crisis financiera
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Reforma política
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Deuda externo
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Libertad de expresión
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Alianza con empresarios
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Política laboral
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Amnistía
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Nacionalización de la banca
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Política exterior
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Persona o institución mencionada
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José López Portillo
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Miguel de la Madrid
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Gobierno Mexicano
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Banobras
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Grupo Alfa
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Empresarios privados
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FMI
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Trabajadores universitarios
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Sindicatos
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Banca Nacionalizada