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Extensión
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1 foja
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Resumen
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La salida de Jesús Silva Herzog de la Secretaría de Hacienda ilustra la ruptura con el presidente De la Madrid y resalta cómo las ambiciones personales y la presión del poder pueden desintegrar antiguas alianzas políticas, evocando episodios similares en la historia mexicana..
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Tipo
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Artículo periodístico
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Clasificación
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UAMC.MAGC.01
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Sububicacion
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Sobre
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Texto completo
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DE COMO VINO Y~OMO SE FUE
POR MIGUEL ANGEL GRANADOS CHAPA
,
El lunes nueve de junio estuvo en
México durante unas pocas horas el señor Paul Volcker, presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos,
equivalente al banco central. Es probable que no sepamos en breve plazo,
con precisión, los términos de su corta
estancia, y de las conversaciones que
por lo menos con el secretario de Hacienda, pero probablemente también
con el Presidente de la República sostuvo en esas horas, pero podemos imaginar dos posibles cursos de tales encuentros, a juzgar por los resultados
de ellos.
Durante la semana anterior a esa
visita relámpago, altas autoridades
mexicanas dedicaron buena parte de
su tiempo a filtrar una noticia que, de
concretarse, hubiera estremecido los
mercados internacionales de dinero: México no pagaría más el servicio
de su deuda, o la limitaría a la capacidad de pago que se derivara de su
ingreso de divisas y sus necesidades de ellas para cr_ecer. La táctica fue
útil, porque el mensaje no tardó en llegar a donde sus emisores querían:
los centros financieros renuentes a soltar a México los cuatro mil millones de dólares que el Congreso mexicano autorizó a solicitar, y que tan
angustiosamente son esperados aquí hace ya varios meses. Como esos
préstamos no llegan, el gobierno de México dijo estar disponiéndose a
alguna forma de moratoria, símplemente porque no tenía con qué
cubrir sus compromisos. O mejor dicho, sí tenía divisas en su reserva,
pero no quería llegar a la situación de extrema insolvencia en que había
quedado en agosto de 1982, cuando el mismo Secretario de Hacienda
que ahora podría repetir la operación anunció a sus acreedores que
nuestras arcas estaban exhaustas.
Preocupado o asustado, Volcker no esperó la anunciada visita del
Secretario mexicano de Hacienda, sino que resolvió hacer una inspección in situ. De lo que se habló podemos imaginar, como hemos dicho,
dos situaciones: Una de ellas consiste en suponer que se "le cantaron las
cuarenta", como dicen los españoles, es decir, se le habló con claridad
reprochona y se le anunció que por no haber recibido ya no digamos
crédito alguno, sino ni siquiera esperanza de obtenerlo pronto, se había
asimilado ya la lección de que cada qüién debía rascarse con su propias
uñas, que era lo propio que debían hacer a partir de ese momento los
acreedores. O bien, en un tono mucho más mesurado, se le instó a que,
comprendiendo la gravedad de la situación, interpusiera sus buenos
oficios para salvar, al mismo tiempo, el buen crédito de México y la es!~~!~!~:!~ ~~! ;~si:ema íinanciero internacional.
Sea de ello lo que fuere, el hecho es que a su regreso el señor Volcker puso a funcionar su varita mágica. Anunció que las conversaciones
del gobierno mexicano con el Fondo Monetario Internacional -rotas
por las intransigencia de los personeros de ese organismo financiero , sacerdotes de una religión monetarista tan extrema, que aparecen como
radicales frente a sus radicales correligionarios del gobierno mexicano,
se reanudarían pronto. Pero dijo más, Volcker. Dijo que aun si tales
conversaciones no tuvieran un final feliz, la comunidad financiera internacional estaba ya preparando un paquete de asistencia a México,
cuyo resultado sería que los créditos tan l~rgamente de~orados, y otrós
más que ni siquiera se negociaban, caenan como mana sobre el suelo
mexicano, en muy breve plazo.
A partir de entonces ocurrió algo en que, comparado con la confusión de las lenguas provocada por los hombres al intentar construir la
· torre de Babel, eL episodio bíblico aparece como un modelo de comunicación inteligible. El gobierno mexicano dijo no saber nada de ese
nuevo proyecto de asistencia financiera en su favor, pero actuando como si ya supiera de qué se trataba, se abstuvo de formular anuncios que
con toda evidencia estaba preparando. El mismo día en que Volcker estaba en México, el presidente De la Madrid concedió una entrevista a
Guillermo Ochoa y Angel Trinidad Ferreira, de Telev.isa y del Instituto
Mexicano de Televisión, respectivamente. Todo el mundo esperaba
anuncios de gran trascendencia, aunque el procedimiento para formularlos fuese heterodoxo o novedoso al menos. Tan era cierto que se esperaba de esa emisión nuevas pautas en la política económica, que el
martes 10 por la mañana, en la sesión de la Comisión Permanente del
Congreso, la diputada priísta Marcela González -la misma que dijo
antes que compraba artículos Conasupo en las Lomas, por lo que era
justificable el recorte al presupuesto de esa paraestatal- desestimó la
petición de sus colegas oposicionistas para que el Secretario de Hacienda acudiese a la Cámara a explicar qué nos pasa en materia financiera,
con el argumento de que esa tarde el Presidente se referiría a tales asuntos, y que el propio Silva Herzog añadiría informes sobre el particular
el viernes siguiente, 13 de junio.
El Presidente habló, sí, de la situación financiera de México pero
no introdujo ninguna aportación novedosa a su pensamiento sobre el
particular. Es cierto que dijo que el "cumplimiento de los compromisos
internacionales de México estarían sujetos a su capacidad de pago, pero ·
ya lo había dicho el21 de febrero anterior". Y Silva Herzog, quizá afectado por la superstición que tilda de día de mala suerte a los viernes 13
-aunque no tanto como los martes de igual número- se abstuvo de
hacer bueno el pronóstico de la diputada González, con lo cual de paso
dejó con un palmo de narices a los legisladores que si no podían-oírlo en
la Cámara al menos esperaban tener noticias suyas a través de otros
medios.
En esas estabamos al mediar el mes de junio. El alborozo producido por la victoria de la selección mexicana sobre la de Bulgaria sirvió
para que se exigiera en tono menor una decisión sobre la delicadísima
materia que envuelve a la deuda externa y los programas económicos
sobre ia crisis. Pero esa alegría no puede funcionar como distracción
durante mucho tiempo, y las decisiones tendrán que tomarse. Las más
fáciles suponen la aceptación de los créditos presuntamente ofrecidos,
que sacarán el buey de la barranca por un periodo corto, pero nos hundirán más en el pantano de una deuda que no se pagará nunca, y que
sólo nos agobiará más con crecientes intereses.
Es necesario que el gobierno adopte caminos diversos. No es preciso que para ello proclame la independencia financiera de nuestro país
mediante un grito libertario que nos resultara costoso. Pueden emplearse, con el mismo objeto, fórmulas moderadas que permitan no trabajar para pagar, y menos mendigar créditos nuevos cuyo único o principal propósito es el de pagar los intereses.
Pagar con pesos, según 1!! ~:::tlüla recomendada por el doctor
Víctor Urquidi, o comprar a precios rebajados parte de la misma
deuda, al paso que lo hagan también empresas extranjeras ya establecidas en México, o fijar una proporción de los ingresos d~ divisas para el
servicio de la deuda, son algunas de las maileras no revolucionarias de
enfrentar el problema de ~~éra de encaminarse realmente a su solución, y no meram~~(e a su aplazamiento. De otras fórmulas, que requieren ~.dyor decisión y una vinculación entre el gobierno y los ciuda~nos, mejor ni hablemos.
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Materia
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Política económica
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Ruptura política
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Amistades políticas
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Historia política mexicana
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Relaciones de poder
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Crisis económica
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Conflicto presidencial
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Bucareli
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Reconocimiento diplomático
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Persona o institución mencionada
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Jesús Silva Herzog
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Miguel de la Madrid
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Rubén Figueroa
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Rafael Reséndiz
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José López Portillo
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Adolfo de la Huerta
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Álvaro Obregón
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Plutarco Elías Calles
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Francisco Villa
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Estados Unidos