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Extensión
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1 foja
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Resumen
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La problemática de vivienda en México después del sismo de 1985, donde hay dificultad para alquilar propiedades, los abusos de propietarios y la necesidad de una reforma legal y social para proteger a los inquilinos..
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Tipo
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Artículo periodístico
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Clasificación
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UAMC.MAGC.01
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Sububicacion
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Sobre
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Texto completo
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POR MIGUEL ANGEL GRANADOS CHAPA
Ya éramos muchos y parió la abuela: ya .
era agobiante la situación de los inquilinos,
y de los aspirantes a serlo, antes del terremoto, y o~viamente es mucho peor ahora,
no sólo porque la demanda de habitaciones
en renta ascendió exponencialmente de
un día para otro, sino porque no se avizoran
medidas que pongan remedio a la atroz situación de quienes no tienen un techo propio bajo el cual vivir.
La senda tormentosa que debe recorrer
un buscador de casa o departamento para
alquilar es, a menudo, prolongada y llena
de recovecos. Se inicia en la búsqueda del
sitio apropiado, ya sea en los diarios que
contienen secciones especializadas (básicamente Excélsior y El Universal), o en la
anhelante revisión del entorno físico, en los rumbos donde el aspirante se
propone encontrar alojamiento. La búsqueda en los avisos clasificados es a
menudo entorpecida por los llamados de agencias que proclaman dar a los
solicitantes de vivienda un servicio que, a fin de cuentas, es una estafa. Tales
agencias no hacen, en el mejor de los casos, más que la misma lectura de los
periódicos que el buscador puede hacer, y cobrar por ella. No es alta la
cuota, pero no sirve para nada el servicio obtenido y, en cambio, entraña
pérdida de tiempo, y de oportunidades frente a la multitud de contendientes
que todas las mañanas dedican buena parte de su energía y de su tiempo al
desciframiento de la minúscula tipografía con que se componen los anuncios,
detrás de cada cual se esconde, simultáneamente, una promesa y una amenaza. Lo primero, porque los departamentos y las casas son pintados con los
más vivos colores por quienes los arriendan, si bien sus descripciones pocas
veces corresponden con la realidad. Y una amenaza porque si una vivienda
conviene al solicitante, se inicia entonces el verdadero calvario.
El demandante de casa de alqu1ler tiene que prevenirse, primero,
contra la frustración nacida del inexplicable fenómeno de que una habitación apenas anunciada ya está alquilada cuando logra comunicarse al teléfono indicado o llegar al sitio mismo. Quizá se ha formado un mercado negro
de información en que acaso los administradores o sus empleados, mediante
cuotas adicional~s toman a su cargo avisar a presuntos buenos inquilinos de
la disponibilidad de un departamento, por lo que cuando la oferta se hace
pública ya los mejores prospectos han tenido acceso a ella.
Pero si no ha sido así, entonces el solicitante ha de enfrentarse a una
cauda aterrorizante de requisitos. Se estilaba en tiempos en que el alquiler de
inmuebles no se había convertido en selva donde sobreviven los más aptos,
entregar un mes de depósito y ya. Eso pertenece a un pasado irrecuperable.
Ahora se debe comenzar pagando por la entrega de la solicitud misma, es decir, comprando el formato correspondiente, o de plano exponiéndose al abuso de cubrir una cuota para la investigación. He conocido el caso en que un
arrendador pretendía cobrar a cada solicitante diez mil pesos para indagar
su solvencia. Naturalmente que ello no aseguraba ni la devolución del dinero
si la averiguación resultaba negativa, ni el arrendamiento en caso contrario.
Dada la enorme cantidad de solicitantes dispersos por las calles, es fácilmente imaginable el gran negocio que sólo en esa fase realizan los propietarios. O
los administradores, pues aunque ellos piden sólo mil pesos por cada solici-
tud, los cientos de ellas que ponen a disposición del público diariamente debe
redituarles cantidades muy importantes que ni siquiera están sujetas al
escrutinio fiscal, y de las que los arrendadores tampoco necesariamente· participan.
Llegado a ese punto, el solicitante entra en un terreno francamente inquisitorial. La solicitud lo interroga sobre toda suerte de temas, aun relacionados con su vida privada. El retrato que se desprenda de las respuestas al
cuestionario debe corresponder a la idea de la solvencia y la decencia que los
arrendadores se han formado. Si no es así, es decir, si no se trata de una familia modelo, cuyo jefe haya trabajado veinte años en una oficina, en que los
chicos ya no lo sean tanto, y donde pueda documentarse sin solución de continuidad que se ha sido un fiel pagador de anteriores arrendamientos, la
suerte adversa está echada. Personas solas, o unidas libremente, o que proceden de hogares cuya relación con el gremio de los administradores inmobiliarios no pueda ser demostrada palmariamente, no tienen nada que hacer
frente a la moderna inquisición .
La mentalidad de Shylock que a menudo poseen los cuidadores de
bienes ajenos (con frecuencia más absortos en su tarea que los propietarios.
mismos) los lleva a practicar exámenes a ojo de los demandantes, y el dictamen correspondiente suele producir efectos irrebatibles . Y ni pensar siquiera
en una apelación, porque es regla inflexible que los arrendadores y sus representantes no están obligados a dar explicaciones a las víctimas de sus inescrutables decisiones.
Si se elude a los cancerberos, o se les da satisfacción, se entra en el
capítulo del análisis de los· fiadores, que deben ser propietarios de palacios
exentos de todo gravamen para ser elegibles, y en el más complicado tema
del monto y la forma del pago. Hay quienes sólo admiten cuotas en dólares, y
cargan por ello a sus inquilinos los desequilibrios cambiarías. Hay quienes
exigen, o sugieren, pagos por adelantado, con lo que de hecho obtienen dos
rentas, la que genera el bien alquilado y la que rinde la inversión bancaria
que así es posible. Y vengan después los incrementos anuales, o semestrales,
porque se hacen cada vez más frecuentes los contratos por términos menores
que los dispuestos por la ley.
Este penoso trayecto deberá ser recorrido, con agravantes por miles de
familias que debieron irse de sus casas o departamentos tras el terremoto. Pocas de ellas satisfarán los requisitos de crecida ferocidad impuestos por los
ofertantes de los bienes que a ellas les hacen premiosa falta, entre otras cosas
porque muchos de los solicitantes se habrán quedado, también, sin empleo.
Urge una acción colectiva , gubernamental y social , para encarar, de
una vez por todas , este problema habitacional que no se resuelve sólo mediante procedimientos técnicos, de arquitectura y construcción. La gran
mayoría de los inquilinos no pueden sey otra cosa, ya que sus recursos les impiden adquirir inmuebles. Se precisa, pues, una solución específica para sus
problemas. Si no queremos ver redivivo a Herón Proa!, el líder nacido en
Tulancingo que en 1922 promovió una huelga de inquilinos en Veracruz, es
decir, si no queremos que haya un fermento de inquietud insalvable en "la
ciudad, no deberíamos cerrar los ojos.ante este fenómeno.
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La legislaoión no basta. Ya lo sabemos por el curso que siguieron los
decretos de congelación de renta de los cuarentas. Y por la transgresión constante a las normas del código civil, aun (o especialmente) después de las reformas del año pasado que empeoraron las cosas en vez de mejorarlas. Hay
que legislar, y vigilar la aplicación de la ley, sí. Pero también hay que modi·
ficar, a fondo, el mercado de los arren'dam'íentos, que parece uno de esclavos.
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Materia
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Crisisdevivienda
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Sismo de 1985
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Abusos propietarios
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Dificultad par aalquilar
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Especulación inmobiliaria
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Reformas del códigocivil
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Congelación de rentas
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Desigualdad
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Persona o institución mencionada
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Gobierno
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Inquilinos
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Propietarios
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Administradores
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Shylock Solicitantes de vivienda
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Agencias inmobiliarias
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Herón Proal
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Reformaslegales