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Extensión
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2 fojas
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Resumen
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Columna La Calle que continua con la revisión de la película Justicia para todos de Norman Jewison, Arthur Kirkland, el joven abogado se afana para no faltar los martes a una cita sagrada : Visita a su abuelo en el asilo de ancianos en que espera la muerte, a aquejado por el Alzheimer, cuando el destino lo coloca en el trance de ser defensor de un el juzgador es acusado de haber violado y golpeado a una mujer, y a través de un intermediario pide a Arthur que lo defienda, movido por el respeto profesional que le guarda, Kirkland prepara la defensa del juez, al que somete al detector de mentiras, que muestra que Fennimore es inocente, por casualidad con un testigo de que el asaltante de la mujer que acusa al juez, una prostituta, es un delincuente conocido, pero pronto conoce pruebas en sentido contrario, colocado en un delicado dilema moral, Kirkland lo resuelve iniciando ante el jurado la defensa del juez, pero súbitamente su argumento cambia de rumbo y lo denuncia con tal vehemencia que consigue que se le condene, aunque sólo hubiera un testigo de cargo, la propia víctima..
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Tipo
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Artículo periodístico.
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Clasificación
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UAMC.MAGC.01
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Sububicacion
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Sobre
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Texto completo
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La calle
para el miércoles 28 de julio de 201 O
Diario de un espectador
El juez hipócrita
Miguel ángel granados chapa
Arthur Kirkland, el joven abogado a quien interpreta Al Pacino en
Justicia para todos, la cinta de que la que comenzamos a hablar ayer, se
afana para no faltar los martes a una cita sagrada: Visita a su abuelo en el
asilo de ancianos en que espera la muerte, a aquejado por el Alzheimer que
le hace olvidar que su nieto se graduó hace ya doce años (en el momento de
la historia). Por lo tanto, siempre que lo presenta con otro huésped informa
que Arthur, de quien está muy orgulloso, estudia derecho.
A instancias de su abuelo, precisamente, Kirkland abrazó la carrera
que lo apasiona. Por el cruce de algunas frases incidentales el espectador
percibe que Arthur no conserva buena relación con su padre (sobre el que
no tiene buena opinión), y que tampoco mantenía vínculo con el suyo, por
lo cual la liga amorosa se estableció sin la intermediación paterna.
Cuando las crisis profesionales se agolpan, y sólo entonces,
Kirkland falta a su grata rutina semanal. Es que llega al paroxismo de la ira
con el juez Fennimore (o un apellido parecido) cuando el destino lo coloca
en el trance de ser su defensor. El juzgador es acusado de haber violado y
golpeado a una mujer, y a través de un intermediario pide a Arthur que lo
defienda, movido por el respeto profesional que le guarda. Kirkland es
renuente a aceptar el encargo pero finalmente lo hace a partir de una
negociación: pide al juez que reabra el juicio de McKullogh, el jovencito
que a partir de un incidente de tránsito lleva ya muchos meses en la cárcel,
con creciente angustia de su parte.
El juez acepta el canje de servicios profesionales pero no toma muy a
pecho cumplir con su parte. Le pide al abogado que a su vez pida a
McKullogh tener paciencia, lo. cual escandalizar a Kirkland, que de pronto
es llamado de la prisión donde está recluido el muchacho: se apoderó de
una arma y mantiene a unos guardias en rehenes. No tiene muy claro qué
pedir a modo de rescate. O quizá sí: no aguanta más la reclusión y a pesar
de que dialoga con su abogado, propicia un desenlace mortal: los guardias
de asalto llamados a resolver la crisis carcelaria disparan contra él y lo
matan.
En el entretanto, Kirkland prepara la defensa del juez, al que somete
al detector de mentiras, que muestra que Fennimore es inocente. Luego, se
topa como por casualidad con un testigo de que el asaltante de la mujer que
acusa al juez, una prostituta, es un delincuente conocido. Pero pronto
conoce pruebas en sentido contrario: son fotografías donde el juez muestra
gran familiaridad con la prostituta que lo acusa. Muestra las fotos al juez y
este tras un instante de vacilación acepta que ha mentido a su defensor y
que en efecto forzó y golpeó a la mujer, y que precisamente por eso
requiere una buena defensa.
Colocado en Un delicado dilema moral, Kirkland lo resuelve
iniciando ante el jurado la defensa del juez, pero súbitamente su argumento
cambia de rumbo y lo denuncia con tal vehemencia que consigue que se le
condene, aunque sólo hubiera un testigo de cargo, la propia víctima.
Al concluir el juicio, y la cinta de Norman Jewish, Arthur Kirkland
aparece, como un colegial, sentado en la escalera del palacio de justicia,
cavilando. Es probable que por haber hundido a su defensa y con ello
violado el código de ética se le retire la licencia para litigar. Pero él está
satisfecho con su conciencia por exhibir al hipócrita.
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Materia
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La Calle, diario de un espectador
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Persona o institución mencionada
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Norman Jewison
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Arthur Kirkland