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Extensión
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2 fojas
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Resumen
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Columna La Calle que aborda la novela ´El complot mongol´ de Rafael Bernal, Bernal quien es conocido como el primer autor de novela policíaca en México. Sus obras destacan por su reflejo de la vida política en nuestro país, especialmente en los temas de corrupción del gobierno..
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Tipo
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Artículo periodístico.
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Clasificación
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UAMC.MAGC.01
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Sububicacion
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Sobre
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Texto completo
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La calle
para el martes 17 de agosto de 201 O
Diario de un espectador
El complot mongol
Miguel ángel granados chapa
Una de las virtudes de la colección 18 para los 18 de que hemos
hablado en esta columna, es que exhuma algunas novelas cortas de las que
ya no se habla porque no tuvieron fortuna editorial, aunque la crítica y sus
lectores iniciales hubieran dado cuenta de su alta calidad.
Ese es el caso de El complot mongol, una novela escrita en los años
cincuenta, aparecida por primera vez con el sello de editorial Jus y luego
reimpresa por Joaquín Mortiz. Su autor, recuerda la nota de sus nuevos
editores (la SEP y el Fondo de Cultura Económica) nació en la ciudad de
México y murió en Berna, Suiza, en 1972, cuando se desempeñaba en el
servicio exterior mexicano. Además de la Confederación Helvética, Berna!
estuvo asignado a las embajadas en Honduras, Colombia, Perú, Venezuela,
Cuba y Japón. "Es conocido como el primer autor de novela policíaca en
México. Sus obras destacan por su reflejo de la vida política en nuestro
país, especialmente en los temas de corrupción del gobierno".
Compartimos hoy con nuestros lectores el retrato del Capi, o El
capitán, un matón al servicio de políticos:
"A las seis de la tarde se levantó de la cama y se puso los zapatos y
la corbata. En el baño se echó agua en la cara y se peinó el cabello corto y
negro. No tenía porqué rasurarse. Nunca había tenido mucha barba y una
rasurada le duraba tres días. Se puso una poco de agua de colonia Yardley,
volvió al cuarto y del buró sacó la cuarenta y cinco. Revisó que tuviera el
cargador en su sitio y un cartucho en la recámara. La limpio
cuidadosamente con una gamuza y se la acomodó en la funda que le
colgaba del hombro. Luego tomó su navaja de resorte, comprobó que
funcionaba bien y se la guardó en la bolsa del pantalón. Finalmente se puso
el saco de gabardina beige y el sombrero de alas anchas: Ya vestido volvió
al baño para verse al espejo. El saco era nuevo y el sastre había hecho un
buen trabajo: casi no se notaba el bulto de la pistola bajo el brazo, sobre el
corazón. Inconcientemente, mientras se veía en el espejo, acarició el sitio
donde la llevaba. Sin ella se sentía desnudo. El Licenciado en la cantina de
la Ópera, comentó un día que ese sentimiento era más que un complejo de
inferioridad, pero el Licenciado, como siempre, estaba borracho y, de todos
modos, ¡al diablo con el Licenciado! La pistola 45 era parte de él, de
Filiberto García; tan parte de él como su nombre o como su pasado.
¡Pinche pasado!
"De la recámara pasó a la sala comedor. El pequeño apartamento
estaba inmaculado, con sus mueles de Sears casi nuevos. No nuevos en el
tiempo, sino en el uso, porque muy pocas gentes lo visitaban y casi nadie
los había usado. Podía ser el cuarto de cualquiera o de un hotel de mediana
categoría. No había nada allí que fuera personal; ni un cuadro, ni una
fotografía, ni un libro, ni un sillón que se viera más usado que otro, ni una
quemadura de cigarro o una mancha de copa en la mesa baja del centro.
Muchas veces había pensado en esos muebles, lo único que poseía aparte
de su automóvil y el dinero bien guardado. Cuando se mudó de la pensión,
una de tantas donde había vivido siempre, los compró en Sears; los
primeros que le ofrecieron, y los puso como los dejó el empleado que los
llevó y colocó también las cortinas. ¡Pinches muebles! Pero en un
apartamento hay que tener muebles y cuando se compra un edificio de
apartamentos hay que vivir en uno de ellos".
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Materia
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La Calle, diario de un espectador
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Persona o institución mencionada
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Rafael Bernal
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El complot mongol