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Extensión
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2 fojas
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Resumen
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Columna La Calle que aborda el tema del Ateneo de la Juventud que tanto contribuyo a la cultura mexicana, en donde militaron tanto José Vasconcelos como Alfonso Reyes, Se trataba de algo más que una tertulia, era una suerte de club de conversadores, una sociedad de conferencias, que con las ideas y con la pluma combatían al régimen porfiriano, no obstante que algunos de sus miembros procedían de familias adosadas en algún momento a la voluntad del dictador..
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Tipo
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Artículo periodístico.
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Clasificación
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UAMC.MAGC.01
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Sububicacion
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Sobre
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Texto completo
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La calle
para el miércoles 29 de julio de 2009
Diario de un espectador
El Ateneo de la Juventud
por miguel ángel granados chapa
En 1959, hace medio siglo, murieron dos de los escritores más logrados en nuestra
literatura: José Vasconcelos, que se fue el 30 de junio de ese año, y Alfonso Reyes, que
lo hizo en diciembre siguiente. Con ese moti vo se les ha recordado por su alta
contribución a la cultura mexicana, cada uno en su estilo, fogoso y atrevido el primero,
correcto y atildado el segundo. Sus vidas corrieron por carriles muy diferentes, salvo en
los tiempos en que, estudiantes universitarios o recién egresados de las aulas de la
educación superior coincidieron en su pertenencia al Ateneo de la Juventud.
Se trataba de algo más que una tertulia. Era una suerte de club de conversadores, una
sociedad de conferencias, que con las ideas y con la pluma combatían al régimen
porfiriano, no obstante que algunos de sus miembros procedían de familias adosadas en
algún momento a la voluntad del dictador. Ese era el caso de Alfonso Reyes y Alfonso
Cravioto, cuyos padres, generales ambos, habían sido gobernadores de Nuevo León y de
Hidalgo, respectivamente.
Ambos Alfonsos, y otros futuros miembros del Ateneo formaron parte de la revista
Savia moderna, fundada y patrocinada por Cravioto. Susana Quintanilla, doctora en
historia por la UNAM, ha escrito un libro sobre esa parvada de jóvenes. Se titula
Nosotros. La juventud en el Ateneo de México. Y tiene como suibtítulo: De Pedro
Henríquez Ureña y Alfonso Reyes a José Vasconcelos y Martín Luis Guzmán. De sus
primeras líneas tomamos la narración del encuentro entre Reyes y Cravioto:
"En febrero de 1906, durante uno de sus paseos dominicales por la avenida san
Francisco y Plateros en pleno centro de la ciudad de México, el joven poeta Alfonso
Reyes encontró a un conocido, que lo invitó a visitar el local de una revista que pronto
saldría a la luz. Caminaron juntos a la avenida del Cinco de mayo, a unos pasos de
distancia, para detenerse frente al edificio de La Palestina, en la calle de Vergara, que se
distinguía por su modernidad -había sido construido recientemente- y su altura: cinco
pisos. Ascendieron a la última planta del inmueble, á muchos metros de la tien·a y sus
asperidades ' . Entraron al despacho número 32, que era muy pequeño pero a cambio
ofrecía una panorámica exquisita: a un lado, la torre de la Catedral ; al otro, el verdor de
la Alameda.
"Alfonso Reyes se sumó de inmediato a la mesa de redacción de la revista bautizada
con el nombre de Savia Moderna y no con el de Savia Nueva, que también se había
pensado para ella. Se imprimió en papel cuché con cubierta de cartulina. La portada del
primer número, que comenzó a circular el 31 de marzo de 1906, fue ilustrada con la
reproducción fotográfica de un óleo del artista catalán Antonio Fabrés. La imagen, una
mujer semidesnuda, calzada con sandalias griegas, que toca el arpa entre dos columnas,
evoca a la musa de las artes, voluptuosa, helénica y generosa en carnes. En los números
siguientes fue sustituido por la del torso y el rostro de un corredor indio, de perfil,
dibujado al carbón por Diego Rivera. El hombre mira hacia las alturas de una montaña
que apenas se insinúa.
"Las autoridades catalogaron a Savia Moderna como una publicación de segunda
calidad". Aquí no resistimos la tentación de enmendar la plana a la investigadora, pues
el gobierno porfiriano, por más dictatorial que fuera, se abstenía de ejercer criterios
sobre la calidad de las publicaciones. En realidad, la oficina de correos había registrado
a esa publicación, como a todos los medios impresos que circulaban por las estafetas
nacionales, como correspondencia de segunda clase, para diferenciarla de las cartas que
pertenecían a la primera clase y de los paquetes que se consideraban en otra parte de la
clasificación de las piezas postales.
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Materia
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La Calle, diario de un espectador
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Persona o institución mencionada
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Ateneo de la Juventud
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Pedro Henríquez Ureña