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Extensión
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1 foja
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Resumen
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Plaza Pública relativo al encuentro que se dio en reunión de jefes de estado tradicional que se da desde hace años en La Paz entre los presidentes Miguel de la Madrid y Ronald Reagan, aunque en las fuentes oficiales se insistió en que las relaciones bilaterales constituían la médula de la cita en La Paz, no fue en realidad así, el verdadero gran tema entre los jefes de Estado, y en concreto de la Madrid, refirió a la radical causa por la que es inadmisible la intervención, y son inaceptables los amagos contra Cuba y Nicaragua, y los frecuentes insultos que les asesta el presidente de Estados Unido, el Presidente de México formuló el mejor alegato en favor de las libertades centroamericanas, y la nuestra propia..
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Tipo
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Artículo periodístico.
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Clasificación
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UAMC.MAGC.01
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Sububicacion
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Sobre
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Texto completo
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• jueves 18 de agosto de 1983
~_unomásu._n~o----~
Plaza pública
~El encuentro en La Paz
~Dos hombres, dos visiones
Miguel Angel Granados Chapa
Cuando el ahora presidente Miguel de la Madrid nació, el
12 de diciembre de 1934, Ronald Reagan tenía 23 años y
era locutor deportivo en la emisora WHO de Des Moines,
lowa; era entonces un fervientP. demócr ata y un año atrás
había votado por Rooselvet para el cargo ·que él mismo
asumiría el 20 de enero de 1981. Sin embargo, pese a la di ferencia de edades, estos dos jefes de Estado , que el domingo anterior se encontraron por primera vez en ese
carácter (ya que el año pasado cuando realmente se cono cieron De la Madrid no había aún asumido su cargo) , ini ciaron casi simultáneamente su carrera política . Reagan se
pasó al Partido Republicano en 1962, y un año después el
joven abogado Miguel de la Madrid se afiliaba al PRI,
mientras era asesor de la gerencia del Banco de México.
Por ese entonces, Reagan estaba concluyendo las dos
etapas principales de su carrera inicial como actor y como
dirigente sindical en la indu.stria cinematográfica. Filmó su
última cinta en 1964, y su quinto y último periodo al frente
del sindicato de actores cinematográficos había ya terminado . Mientras De la Madrid se disponía a interrumpir brevemente su carrera en el banco central, para ir a Harvard a
estudiar una maestría en administración pública, Reagan
se hizo notable partidario de Barry Goldwater, cuyas tesis
profundamente reaccionarias ha puesto en práctica dos
décadas después. Y en 1966, '::uando el mexicano .de este
paralelo iniciaba en la Secretaría de Hacienda la carrera
que lo llevaría de subdirector de Crédito a subsecretario del
ramo en nueve años, Reagan fue elegido gobernador de
California.
Esos dos hombres, con la visión diversa que se explica
por su pertenencia a ámbitos generacionales , geográficos,
culturales y pol íticos tan dispares, se encontraron el domingo 14, en medio de un aguacero, en La Paz. Una cita
entre jefes de Estado no es insólita en la historia de las relaciones entre dos países . Es costumbre, en la última treinte na de años practicada como un ritual ininterrumpido, que
los presidentes de las dos naciones se encuentren repetida mente. Como no coinciden los ritmos con que son elegidos
los Ejecutivos y como hay relección en Estados Unidos y
no en México , y se han producido muertes y renuncias de
presidentAs , ocurre que uno de aquella nación se encarr:con más de un mandatario mexicano y viceversa . Reagan se
había reunido tres veces con López Portillo, ya en el poder
ambos .
Aunque en fuentes oficiales se insistió en que las rela ciones bilaterales constituían la médula de la cita en La
Paz , no fu e en realidad así. No porque carezcan de importancia tales relaciones. Al contrario, la tienen y muy abul tada, siempre y sobre todo en esta hora . Pero el curso de
esas relaciones obedecen a circunstancias, estructuras y
mecanismos que difícilmente se pueden alterar en una
reunión presidencial, no porque la diplomacia en la cumbre
sea un ejercicio estéril, sino porque en ella suele haber lugar sólo - o preferentemente- para decisiones políticas
trascendentales, o para aproximaciones entre los estadis tas con miras a acontecimientos posteriores . Los embaja dores y los cancilleres, en el caso de una relación tan abundante, creciente y estrecha como la que, queramos o no,
tenemos con Estados Unidos, tienen mucho más trabajo
cotidianamente en esa materia .
Centroamérica era, por lo tanto , el verdadero gran tema
entre los jefes de Estado que el domingo 14 se vieron las
caras en la capital de Baja California Sur . Y allí De la
Madrid se refirió a la radical causa por la que es inadmisible
la intervención, y son inaceptables los amagos contra Cuba y Nicaragua, y los frecuentes insultos que les asesta el
presidente de Estados Unidos . Al recordarle las bondades
del pluralismo , al recriminarie su intención de uniformar
respecto de su país a to':los los demás, el Presidente de
México formuló el mejor alegato en favor de las libertades
centroamericanas, y la nuestra propia , que pudo haber
oído jamás el arrogante ex vaquero nacido en Tampico,
pero no Tamaulipas, sino lllinois .
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Materia
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Plaza Pública
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Persona o institución mencionada
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Miguel de la Madrid
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Ronald Reagan