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Extensión
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5 fojas
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Resumen
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El nombramiento de un obispo coadjutor, que llegó ya a San Cristóbal, y la actitud de la burocracia obre su clero extranjero, con señal de las presiones del poder sobre el obispo que podría mañana obtener el Premio Nobel de la Paz..
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Tipo
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Borrador
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Clasificación
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UAMC.MAGC.01
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Sububicacion
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Sobre
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Texto completo
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Plaza pública
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para la edición del 9 de octubre de 1995
Don, Samuel Ruiz
Miguel Angel Granados Chapa
En las próximas horas, el comité Nobcl del
parlamento noruego dará a conocer su decisión sobre el
Premio de la Paz correspondiente a este año. Don
Samue1 Ruiz, el obispo de San Cristobal de las Casas,
que se ha entregado a la causa de la pacificación en
Chiapas (y por ende en México) ha sido propuesto por
segunda vez para recibirlo. Si se le escogiera, el refuerzo
que esta distinción imprimiría a su elevada tarea
justificaría plenamente el esfuerzo de quienes
promovieron su candidatura. Pero si elección recae en
otra persona, don Samuel tendrá presente la parábola del
vifiador que .ofrece un denario a cada jornalero, una
misma paga aunque realicen esfuerzos desiguales, de
donde se desprende la enseñanza de que la gratificación
consiste en el servicio mismo, no en el reconQcimiento
que se haga de ·él.
La recied mbre moral de don Samuel ha estado a
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prueba en estos días, y el obispo sucesor de fray
Bartolorné de las Casas ha salido avante de sus trances.
Con la caridad que es prenda de su cristianismo, ofreció
el miércoles una cordiaL bienvenida a quien es ya su
coadjutor y será, confonne a las previsiones pontificias~
su sucesor. La emoción quebró su voz al avalar el amor
por los pobres de quien, inevitablemente, trabajará a su
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lado y será al mismo tiempo conciencia vigilante de sus
actos, aunque tenga la sabiduría suficiente para no
convertirse en contralor di don ~muel.
Quiéra1o o no un obispo (aun quienes ponen sobre
todo el acento en la labor pas_toral), actuar a la cabeza de
una diócesis significa ejercer una porción del poder
eclesiástico, implica estar en la polftica. En esa
dimensión terrena, se libran luchas, y se gana o se
pierde. Clausurada la puerta por la que el nuncio
Prigione y el gobierno de Salinas quisieron despedir a
don Sarnuel, el embajador vaticano pudo obtener una
victoria a medias, <;Qn el nombrami~nto d~ un coajutor,
4ue supone la necestdad de remediar alguna deficiencia.
Debe ser extremadamente dificil admitir la
descali±lcación que, en ténninos reales, se padece
cuando se coloca una sombra a la vera del obispo. Sólo
la certidumbre de que las tareas tra~eendtoles propias d~l
episcopado en general, y las partjculares del que se
ejerce en tierra de opresión y violencia, exceden en
intensidad a las miserias humanas del gobierno de la
Iglesia puede aliviar el desconsuelo generado por el
maltrato. Ayuda, además en este caso particular, que la
desconsideración contra don Samuel no pudo llegar al
extremo de asestarle un coadjutor enemiso 7 sino que fuo
escogido un prelado capaz de vivir una conversión
se~ejante a la que experimentó el obispo de San
Cristobal poco tiempo después de llegar a los Altos, hace
treinta y cinco años.
_
No sólo el poder eclesiástico zar~dea el espíritu de
don Samuel. Lo hace también el poder burocrático, que
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aplica sus artes al impulso de torpes motivaciones
políticas. Es insensato, en efecto, mantener la absurda
idea de que el obispo de San Cristobal, y su clero~ son
parte del problema social en las con1arcas donde actúan,
siendo que brota la evidencia de que son parte de la
solución. De allí que se no se entiendan las decisiones de
expulsar a sacerdotes, impedir el retomo de otros que
salieron del pais confonne a acuerdos que sin en1pacho
se violan, y mantener en capilla, indefensos
jurídicamente, a otros que desernpefian un ministerio
solidario con los indios de la selva y las montañas.
Ante ese amago, los miembros de la curia de San
·Cristobal han recordado que "nuestro obispo, don
Samuel, rechazó las acusaciones que hacen a nuestros
hennanos, y ha solicitado se continúe el diálogo para
evitar que las autoridades de nuestro país cometan otro
error hacia nuestra diócesis". Agregaron: ''Sabemos que
nuestra fuerza no es la de este mundo, viene de Dios y en
é.l confiamos, pero ello no excluye el que necesite.mos
demostrar que la catolicidad de la Iglesia y su espíritu
misionero la llevan, necesariamente, a tener presencia de
sacerdotes, religiosos y religiosas que viniendo de otras
naciones; sirvan a Dios y proclamen la Buena Nueva de
Jesuscristo entre los pobres de nuestra tierra"
Don Samue~, a cambio de esos sinsabores, ha
conocido recompensas. El 7 de septiembre le fue
entregado en España el premio León Felipe, y el 23
siguiente recibió en el Zócalo de la ciudad de México el
homenaje filial y emocionado de muchos que proclaman
la paz verdadera. Pero sin duda su mayor _
gratificación 5~
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producirá dentro de una semana, el martes 17, cuando se
reúnan los grupos de trabajo sobre cul_tura y derechos de
los indígenas, primer fruto del diálogo entre zapatistas y
el gobierno. Cuando se comience de ese modo a entrar
en el fondo de las causas que provocaron el alzamiento
indio de enero de 1994, se verá que don Samuel ha
tenido siempre no sólo razones, sino también razón_
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- PLAZA PúBLICA
MIGUBL A.NGBL GRANADOS CHAPA
~ton Samuel Ruiz
El nombramiento de un obispo coadjutor, que llegó
~a a San Cristóbal, y la actitud de la burocracia
obre su clero extranjero, son señal de las presiones
(lel poder sobre el obispo que podría mañana
btener el Premio Nobel de la Paz.
EN
~arlamento noruego dará a conocer su de-
lAS PRÓXIMAS HORAS, EL COMITÉ NOBEL DEL
(~ión sobre el Premio de la Paz corresponil.iente a este año. Don Samuel Ruiz, el obiso de San Cristóbal de las Casas, que se ha
rntregado a la causa de la pacificación en
hiapas (y por ende en México) ha sido propuesto por segunda vez para recibirlo. Si le
· era otorgado, el refuerzo que esta distinión imprimiría a su elevada tarea en pro de
a paz y la dignidad de los indios, justificaría
~lenamente el esfuerzo de quienes promo.eron su candidatura. Pero si la elección rer.ae en otra persona, supongo que don Sauel no lo resentirá, pues tendrá presente
a parábola del viñador que ofrece un denado a cada jornalero, una misma paga aune realicen esfuerzos desiguales. De ese
'jemplo evangélico los cristianos desprenilen la enseñanza de que la gratificación
·onsiste en el servicio mismo, no en el recoocimiento que se haga de él.
La reciedumbre moral de don Samuel ha
•stado a prueba en estos días, y el obispo su,esor de fray Bartolomé de las Casas ha sa~do avante de sus trances. Con la caridad
iJUe es prenda de su cristianismo, ofreció el
¡niércoles una cordial bienvenida a don Raúl
Vera, quien es ya su coadjutor y será, contorme a las previsiones pontificias, su sucefOr. La emoción quebró su voz al avalar el
~mor por los pobres de quien, inevitablef.ente, trabajará a su lado y será al mismo
tiempo conciencia vigilante de sus actos,
a.un que tenga la sabiduría suficiente para no
convertirse en contralor de don Samuel.
Quiéralo o no un obispo (aun quienes popen sobre todo el acento en la labor pastoral), actuar a la cabeza de una diócesis signi~ca ejercer una porción del poder eclesiástiP,O, implica estar en la política. En esa
ilimensión terrena, se libran luchas, y se gana o se pierde. Clausurada la puerta por la
:¡ue el nuncio Prigione y el gobierno de Salinas quisieron despedir a don Samuel, el embajador vaticano pudo obtener una victoria a
medias, con el nombramiento de un coadjutor, que supone la necesidad de remediar ala efi iencia al __ ad_e_sviaciónenlarec-
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toría de una diócesis. Debe ser extremadamente difícil admitir la descalificación que,
en términos reales, se padece cuando se coloca una sombra a la vera del obispo. Sólo la
certidumbre de que las tareas trascendentes
propias del episcopado en general, y las particulares del que se ejerce en tierra de opresión y violencia, exceden en intensidad a las
miserias humanas del gobierno de la Iglesia,
puede aliviar el desconsuelo generado por el
maltrato. Ayuda, además en este caso particular, que la desconsideración contra don Samuel no pudo llegar al extremo de asestarle
un coadjutor enemigo, sino que ~e escogido
un prelado capaz de vivir una conversión semejante a la que experimentó el obispo de
San Cristóbal poco tiempo después de llegar
a los Altos, hace treinta y cinco años.
No sólo el poder eclesiástico zarandea el
espíritu de don Samuel. Lo hace también el
poder burocrático, que aplica sus artes al impulso de torpes motivaciones políticas. Es insensato, en efecto, mantener la absurda idea
de que el obispo de San Cristóbal, y su clero,
son parte del problema social en las comarcas donde actúan, siendo que brota la evidencia de que son parte de la solución. De
allí que se no se entiendan las decisiones de
Cuando la
semana próxima,
el martes 17 'se
establezcan lOS
primeros grupos
de trabaJ· O, sobre
cultura y derechos de los indígenas y se comience a entrar al
fondo de las Causas de la insur«encía zapatista, se comprobará
o
uue d n Samuel Ruiz tenía razón.
expulsar a sacerdotes, impedir el retorno dEl
otros que salieron del país conforme a acuer1
dos que sin empacho se violan, y manteneJI
en capilla, indefensos jurídicamente, a otros
que desempeñan un ministerio solidario con
los indios de la selva y las montañas.
Ante ese amago, los miembros de la curi~
de San Cristóbal han recordado que "nuestrd
obispo, don Samuel, rechazó las acusacione
que hacen a nuestros hermanos, y ha solici
tado se continúe el diálogo para evitar que l e
autoridades de nuestro país cometan otro
error hacia nuestra diócesis". Agregaron
"Sabemos que nuestra fuerza no es la de es
te mundo, viene de Dios y en él confiamos, pe
ro ello no excluye el que necesitemos demos
trar que la catolicidad de la Iglesia y su espí·
ritu misionero la llevan, necesariamente,
tener presencia de sacerdotes, religiosos y re·
ligiosas que viniendo de otras naciones, sir
van a Dios y proclamen la Buena Nueva deJe·
suscristo entre los pobres de nuestra tierra"
El obispo español-brasileño don Pedro Ca
saldáliga trazó ante el periodista Carlos Fazi
esta explicación sobre la resistencia del Ta·
ti.k, como le llaman sus fieles, que se puede
leer en el libro Samuel Ruiz, el caminante:
"Como cualquiera que haya vivido
proceso semejante y haya optado con un
cierta radicalidad por los pobres, por los in
dígenas, por una sociedad y una Iglesia nue
vas, don Samuel ha de vivir, es claro, cier·
tas dudas, y sentirá ciertas veces el vértigo
Discordar de los propios compañeros obis·
pos, discordar incluso de directrices y ad
vertencias provenientes de la Curia romana¡
ha de causar siempre una cierta tensión. E
obispo de San Cristóbal ha de preferir, es<l
es también seguro, estar en plena paz ecle
siástica. Pero ya Jesús advirtió que lapa
que El venía a traer no coincidía siempre co
la paz que el mundo da: ni con la paz del Im·
perio, ni con la paz de la Sinagoga".
Don Samuel, a cambio de esos sinsabores
yesas tensiones, ha conocido recientes re
1 compensas simbólicas, aparte las que su~
fieles le ofrecen cotidianamente con su solí·
daridad. El 7 de septiembre le fue entrega·
do en España el premio León Felipe, yel23
siguiente recibió en el Zócalo de la ciudad de
México el homenaje filial y emocionado d
muchos que proclaman la paz verdader
Pero sin duda su mayor gratificación se pro
ducirá dentro de una semana, el martes 17
cuando se reúnan los grupos de trabajo so
bre cultura y derechos de los indígenas, pri
mer fruto del diálogo entre zapatistas y el go
bierno. Cuando se comience de ese modo
entrar en el fondo de las causas que provo
caron el alzamiento indio de enero de 1994!
se verá que don Samuel ha tenido siempr
no sólo razones, sino también razón.
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Materia
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Samuel Ruiz
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Persona o institución mencionada
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Don Samuel Ruiz